“Durante décadas, la agricultura se apoyó fuertemente en los fertilizantes fosfatados. Sin embargo, la ciencia del suelo hoy está mostrando algo muy interesante: gran parte del fósforo que aplicamos no desaparece ni se pierde del sistema, sino que queda acumulado en el suelo. A ese reservorio se lo conoce como banco de fósforo o legacy phosphorus”, explicó la directora de gROU Agro, Ing. Agr. Lucía Bauer, en su columna en Dinámica Rural.
Indicó que diversos estudios muestran que “más del 70 % del fósforo aplicado como fertilizante queda retenido en el suelo. Esto significa que solo una pequeña fracción del fertilizante aplicado es utilizada inmediatamente por el cultivo. En algunos experimentos con fósforo marcado, apenas entre 10 % y 15 % del fósforo aplicado termina en la planta durante el ciclo del cultivo”.
Bauer explicó cuál es la situación en Uruguay. Subrayó que “el fósforo no es solo un proceso químico, también es un ciclo biológico”, y que “la pequeña fracción que encontramos disuelta en la solución del suelo —la que miden los análisis— no es la única forma en que las plantas lo obtienen”. En tal sentido, se refirió a las estrategias y acciones que se pueden llevar adelante para liberar el fósforo bloqueado, y enfatizó en la necesidad de “abrir un poco más la mirada: dejar de enfocarnos solamente en la pequeña fracción de fósforo disponible que mide el análisis de suelo, y empezar a entender todo el ciclo del fósforo dentro del sistema biológico del suelo, potenciar la microbiología, mejorar el manejo del pastoreo y generar suelos con buena estructura para permitir que el ciclo del fósforo sea funcional y aporte el P que el sistema precise”.