“No es que vaya a hablar de que una empresa tiene que seguir para siempre el sueño del fundador”, advirtió la directora de Managmentoring, Ing. Agr. Lourdes Pose, al abrir su columna enfocada en “el sueño del fundador y su impacto en el equipo”.

Señaló que el sueño “es el punto de partida, el motor que pone en marcha todo”, pero que el crecimiento de la empresa empieza a convertirla en un sueño colectivo. El problema es que, a veces, “las decisiones tienen que ver con lo que quiere el fundador y no con lo que verdaderamente necesita la empresa”. E incluso “cuando el fundador ya no está, quien sigue su legado siente el compromiso de seguir ese sueño”. En ese escenario, “los colaboradores sienten que trabajan para el sueño de otro, y no encuentran el lugar para construir el suyo”.

Subrayó que “las personas no se comprometen solamente por pagarles un sueldo. Se comprometen cuando sienten que son parte de algo importante”, y que “nadie quiere sentirse un ejecutor de órdenes de otras personas durante años”.

Pose explicó que se trata de “una de las transiciones más difíciles del liderazgo”. “El fundador necesita pasar de ser el protagonista a convertirse en el creador del escenario en el que también otros puedan crecer”.

Es necesaria “la valentía de parar, pensar, y cuestionar lo que se hace”, y tomar en cuenta que “la mejor manera de honrar el sueño es que esa empresa siga viva”. “Si un fundador fue capaz de crear algo donde antes no había nada”, quizás lo más relevante sea “la herencia de conservar el coraje” de romper moldes y caracterizar a la empresa por generar un grupo de personas “capaces de llevarla mucho más lejos”.