“No son tres cosas, sino una sola”, subrayó la directora de Managmentoring en su columna en Dinámica Rural. “Y no hay que olvidar que gestionar no es hacer más, sino hacer que las cosas pasen”, apuntó.

“En las empresas, especialmente en el agro, muchas veces, sin darnos cuenta, miramos los resultados como si fueran cosas independientes”, y se pierde de vista la integralidad, así cómo están involucradas las personas en función de un rumbo, si es que lo conocen. “No hay resultado sostenible sin personas comprometidas, ni personas comprometidas en empresas desordenadas o sin rumbo”, señaló.

Transmitir el rumbo pretendido de la empresa, la importancia de los roles, y trabajar en la calidad de la comunicación, son caminos necesarios de transitar, pero, ante todo, es necesario detenerse antes a pensar y diseñar “una empresa en la que las personas puedan generar su mejor versión”. Eso exige “parar y mirar la empresa en forma integral”.

“Sólo de esa forma se podrá entender dónde se está parado, y qué se puede hacer para mejorar”, dijo, subrayando que no parar, no detenerse a pensar para entender desde la integralidad, es “lo peor”. “No tener tiempo no es ser muy productivo ni ser muy importante. No tener tiempo es una señal de mala gestión; es cuando las personas terminan siendo esclavas de su propia desorganización”.