“La ciencia le está poniendo lupa al suelo”, fue el título de la columna de la directora de gROU Agro, Ing. Agr. Lucía Bauer, con foco en el trabajo un trabajo recientemente publicado en una revista científica internacional por un grupo de investigadores de Polonia, Alemania, Italia y Japón, coordinados por el Instituto de Agrofísica de la Academia Polaca de Ciencias. En base a “todo lo que se sabe hoy sobre la relación entre la planta, el suelo y la microbiología”, y con una mirada que atiende “los problemas que todos conocemos: pérdida de biodiversidad, cambio climático, erosión, pérdida de materia orgánica, intensificación agrícola, cambios en el uso de la tierra”, dijo Bauer.

“Siempre que la comunidad de microorganismos que vive bajo nuestros pies es el termómetro de qué tan sana está esa tierra”, comentó Bauer, comentando evidencia que ordena el trabajo, en cuanto a que el suelo “cambia todo el tiempo, según cómo lo manejamos, según el clima, según qué le exigimos. Y cuando cambia, cambia también la capacidad de la planta de aguantar una sequía, una enfermedad, o un mal año”.

En tal sentido, se refirió a las herramientas que se generan para “mejorar la calidad del suelo, activan las defensas de la planta y ayudan a bancar mejor la sequía”. No reemplazan del todo a los fertilizantes, pero reducen la dependencia de estos.

Incluso mencionó cómo se identifica a la Inteligencia Artificial como aliada para predecir “cómo va a responder el suelo antes de que se te enferme el cultivo o se te caiga la pastura. En vez de enterarte cuando ya perdiste producción, el análisis te avisa antes”, merced a una perspectiva multiómica, “que básicamente es mirar el suelo desde varios ángulos genéticos a la vez, no solo contar qué bacterias hay, sino entender qué están haciendo”.

Subrayó que “esto no es una moda, no es algo que surja porque es algo lindo”, sino que es parte de un presente que tiene a “laboratorios en cuatro países distintos, con financiamiento serio, publicando en revistas científicas de primer nivel, diciendo exactamente lo mismo que decimos acá: lo que pasa abajo del pasto es, por lo menos, tan importante como lo que pasa arriba”.


Audio de la columna de Lucía Bauer en Dinámica Rural (Sarandí 690 AM).


La ciencia le está poniendo lupa al suelo

Seguimos con las columnas que nos comparte Lucía Bauer, directora de grou agro.Hoy vamos a hablar del suelo ¿qué nos trajiste?

Quiero contarles sobre un trabajo que acaba de salir, de febrero de este año, en una revista científica internacional. Un grupo de investigadores de Polonia, Alemania, Italia y Japón se juntó a resumir todo lo que se sabe hoy sobre la relación entre la planta, el suelo y los microorganismos que viven ahí abajo.

¿Esto es un estudio nuevo, un experimento que hicieron ellos?

No, es más una puesta al día: juntaron todo lo que la ciencia acumuló en los últimos años sobre el tema. Arrancan nombrando los problemas que todos conocemos: pérdida de biodiversidad, cambio climático, erosión, pérdida de materia orgánica, intensificación agrícola, cambios en el uso de la tierra.

Estos temas que mencionás no son nada nuevo para nosotros.

Esa parte no. Pero lo que aportan es la otra cara: en cada puñado de tierra hay bacterias, hongos, arqueas, algas, nematodos, protistas — todo un mundo que trabaja para la planta sin que lo veamos. Transforman nutrientes, protegen contra enfermedades, ayudan a la planta a bancar el estrés.

¿Y ese «mundo» cambia, o es siempre el mismo en cualquier campo?

Cambia todo el tiempo, según cómo manejamos el suelo, según el clima, según qué le exigimos. Y cuando cambia, cambia también la capacidad de la planta de aguantar una sequía, una enfermedad, o un mal año. Por eso digo siempre que la comunidad de microorganismos que vive bajo nuestros pies es el termómetro de qué tan sana está esa tierra.

¿Y en la práctica, qué es lo nuevo? ¿Qué está pasando en investigación que nos pueda servir a nosotros?

Hay dos frentes. El primero son los biofertilizantes e inoculantes microbianos: consorcios de microorganismos vivos que se aplican al suelo o a la semilla. Ya está demostrado que mejoran la calidad del suelo, activan las defensas de la planta y ayudan a bancar mejor la sequía.

¿Y eso reemplaza al fertilizante?

No lo reemplaza del todo, pero reduce la dependencia. Y hay un dato que no es menor: al usar menos químico, también bajan las emisiones de gases de efecto invernadero del sistema. O sea, no es solo una cuestión de rendimiento, es también una herramienta de sustentabilidad con impacto ambiental medible.

¿Y el segundo frente cuál es?

El de la tecnología, más de laboratorio, pero que cada vez baja más rápido a la práctica. Hoy se puede secuenciar el ADN de un puñado de tierra y, cruzando eso con inteligencia artificial, predecir cómo va a responder ese suelo antes de que pase algo.

¿Antes de que pase qué, por ejemplo?

Antes de que se te enferme el cultivo o se te caiga la pastura. En vez de enterarte cuando ya perdiste producción, el análisis te avisa antes. Los investigadores hablan de enfoques «multi-ómicos» —que me disculpen el término técnico— que básicamente es mirar el suelo desde varios ángulos genéticos a la vez, no solo contar qué bacterias hay, sino entender qué están haciendo.

¿Esto se aplica en Europa nomás, o tiene que ver con nosotros también?

Esta investigación puntual está alineada con las estrategias de biodiversidad de la Unión Europea, y los autores hasta mencionan aplicaciones en agricultura vertical, urbana, producción de «superalimentos» — cosas bien lejanas a lo nuestro. Nosotros estamos en las antípodas: acá hablamos de campo natural, pastizales, ganadería más extensiva. Pero el principio de fondo es el mismo, y es lo que venimos machacando en esta columna semana a semana: el suelo no es un soporte inerte donde plantamos o hacemos pastar animales, es un organismo vivo. Y la forma en que lo manejamos —los descansos, la fertilización, la intensidad de uso— define qué tan viva y resiliente es esa comunidad microbiana.

Para cerrar, ¿con qué nos quedamos hoy?

Con que esto no es una moda. Hay laboratorios en cuatro países distintos, con financiamiento serio, publicando en revistas científicas de primer nivel, diciendo exactamente lo mismo que decimos acá: lo que pasa abajo del pasto es, por lo menos, tan importante como lo que pasa arriba.